
Contaminación Atmosférica
La contaminación atmosférica es la presencia en el aire de sustancias o partículas que alteran la composición natural de la atmósfera. Representa una amenaza global que causa aproximadamente 7 millones de muertes prematuras anuales a nivel mundial según la Organización Mundial de la Salud (OMS).


La contaminación atmosférica es causada principalmente por la emisión de sustancias químicas y partículas al aire. Estas emisiones provienen en su mayoría de la actividad humana, destacando la quema de combustibles fósiles:
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Transporte
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Industria y Producción de energía
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Agricultura y Ganadería
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Hogar y manejo de desechos
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Fuentes Naturales: Erupciones volcánicas e Incendios forestales
Impactos
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En la salud humana: Empeoramiento del asma, reducción de la función pulmonar y aumento del riesgo de cardiopatías, accidentes cerebrovasculares y cáncer de pulmón.
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En el medio ambiente: Lluvia ácida que destruye bosques, contaminación del agua y daños a la capa de ozono.
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A nivel global: Calentamiento del planeta y derretimiento de los polos debido al aumento de temperaturas.

Cambio climático
Los registros de temperatura y los modelos climáticos coinciden en algo: la temperatura media del planeta ha aumentado en las últimas décadas. El clima es un sistema complejo, pero el incremento de gases de efecto invernadero como el CO2, el metano (CH4) o el óxido nitroso (N2O) está estrechamente vinculado a este calentamiento.
Las consecuencias se están viendo ya:
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Aumento de la temperatura media global.
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Olas de calor más frecuentes e intensas.
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Sequías prolongadas en algunas regiones, inundaciones extremas en otras.
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Deshielo de glaciares y casquetes polares, con subida del nivel del mar.
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Cambios en la distribución de especies y en la productividad de suelos y mares.
El cambio climático no es un evento puntual, sino la suma de muchos años de emisiones y de decisiones energéticas, industriales y de consumo.

El efecto invernadero, por sí mismo, no es tan malo como parece. Sin él, la Tierra sería demasiado fría para la vida tal y como la conocemos. Parte de la radiación solar llega a la superficie, rebota en forma de radiación infrarroja y algunos gases presentes en la atmósfera (vapor de agua, CO2, entre otros) retienen parte de ese calor.
El problema aparece cuando reforzamos ese efecto de manera artificial. Al quemar grandes cantidades de combustibles fósiles, talar bosques y modificar usos del suelo, aumentamos la concentración de gases de efecto invernadero y la atmósfera comienza a retener más calor del necesario. Ese pequeño "extra" de temperatura desajusta el clima, favorece fenómenos extremos e impacta en los ciclos naturales de agua, energía y nutrientes.
